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El glosario es una explicación de los términos mas utilizados por el periodismo social.

 





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 La explotación laboral infantil, un problema a la vista de todos, una solución en manos de todos
Recuadros:
Trabajo infantil doméstico | Alternativas para erradicar el trabajo infantil | Lorena Monzón, una estudiante que junta cartones, botellas y diarios | Lo que dice la ley | Las peores formas del trabajo infantil | Las ventajas, también económicas, de erradicar el trabajo infantil | Declaración de empresas argentinas contra el trabajo infantil | La explotación laboral infantil, un problema a la vista de todos, una solución en manos de todos |
 

JUNIO 2004

Casi dos millones de niños y niñas menores de 15 años se ven obligados a realizar trabajos en las ciudades y el campo argentino, y cualquiera que haya caminado por la calle durante los últimos años podía comprobarlo en un país con 47,8 por ciento de la población en situación de pobreza, 16,3 por ciento de adultos sin trabajo y 16,6 subocupados*.

En verdad, la erradicación de la explotación laboral infantil pasa por eso mismo: trabajo genuino para los padres y el compromiso de toda la sociedad. Pero la tercera pieza clave de este rompecabezas es el Estado: la articulación de políticas públicas de educación, de desarrollo social y de salud a favor de los niños, como una prioridad.

Y sin embargo, los sucesivos gobiernos nacionales se han empecinado en negar el fenómeno. Recién a partir de este 2004 el Estado argentino se ha decidido a encarar, por lo menos, un diagnóstico sobre la situación.

“Para que los niños no trabajen se necesita una sociedad más justa y equitativa”, razona la secretaria de Trabajo de la Nación, Noemí Rial. Y va más allá: “No vamos a erradicar el trabajo infantil si no somos un poco menos hipócritas, porque si les pagamos mal a los padres ellos no van a poder mandar a sus chicos a la escuela ni mantener una casa”. Y aún en este contexto, dice Rial, es posible avanzar.

La mayor parte de los niños trabajadores vive en las grandes ciudades, donde asisten a albañiles en la construcción, confeccionan calzados, bijouterie y prendas de vestir en emprendimientos familiares y pequeños talleres. Los chicos piden monedas y abren las puertas de los autos en las calles, limpian vidrios, son prostituídos, llenan carros con kilos de cartón, realizan las tareas domésticas en casas particulares o en sus propios hogares y cuidan a sus hermanitos cuando sus padres no están. No hay forma de no tropezar con ellos en cada esquina, pero a veces resultan invisibles a los transeúntes.

El Programa de Recuperadores Urbanos (PRU) del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires registró, entre 2002 y 2004, al menos 1.100 cartoneros de entre 15 y 17 años, de los cuales el 90 por ciento viaja cada noche hasta la Capital Federal desde el Conurbano bonaerense. (VER RECUADRO HISTORIA DE VIDA)

La mano de obra de los niños es utilizada también para cosechar yerba mate en Misiones, tabaco en Salta, algodón en el Chaco, cebolla en San Juan, peras y manzanas en Río Negro, limones en Tucumán y diversas frutas y verduras en las quintas bonaerenses.

Los niños campesinos –en su mayoría- trabajan junto a sus familias, empujados por la abusiva forma de contrato “a destajo”. En el 2004, por ejemplo, se llegó a pagar en Mendoza entre 36 y 85 centavos el tacho de uva (de 21 kilos). Pero también hay bandas organizadas que “alquilan” niños por menor paga que un adulto, como en la “tarefa” (cosecha) de la yerba mate mesopotámica, donde la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) estima que entre 6.000 y 7.000 niños dejan la escuela durante la temporada de cosecha.

La Organización Internacional del Trabajo calculó que reemplazar el trabajo de todos los niños en actividad en el mundo por una educación universal representaría una inversión de 760 mil millones de dólares hasta el año 2020, que a su vez podría generar beneficios por 5,1 billones de dólares, una cifra siete veces mayor que los costos totales estimados para lograr el objetivo. (VER RECUADRO COSTO Y BENEFICIO).

Aún así, la explotación del trabajo infantil es un flagelo en crecimiento en todo el planeta. La OIT estima que en el mundo trabajan 246 millones de niños, de los cuales uno 179 millones realizan actividades caracterizadas como “peores formas de trabajo infantil”, que ponen en peligro su integridad física, mental y moral.
(VER RECUADRO PEORES FORMAS DE TRABAJO).


¿La pobreza es causa del trabajo infantil, o el trabajo infantil es causa de pobreza?

La explotación del trabajo infantil en la Argentina ha crecido junto a la pobreza y a la precarización y la falta de empleo para los adultos. Según datos de UNICEF, entre 1995 y 2002 la brecha de ingresos entre ricos y pobres se duplicó y entre 2001 y 2003 se han empobrecido 1.150.000 niños más, a razón de 1.570 niños por día. Así, de los 252.000 niños de 5 a 14 años registrados que trabajaban en 1995 se pasó en el 2000 a casi el doble, 482.803, o 91,6 por ciento más.

Si se tiene en cuenta una definición más amplia para el trabajo infantil, que incluya las tareas de “atender en la casa cuando los mayores no están”, en esos cinco años la cifra se multiplicó por cinco y llegó a los 1.503.925, según la actualización del diagnóstico elaborado por el “Programa InFocus sobre el Trabajo Infantil” (IPEC) de la OIT y el Ministerio de Trabajo en base a la Encuesta de Desarrollo Social de 1997. Y semejante panorama, antes de la crisis de 2001.

La pobreza, ciertamente, es una de las principales razones que obliga a que los niños trabajen, pero no es la única causa.

El problema tiene orígenes complejos, en los que, según UNICEF, influyen la falta de equidad en la distribución del ingreso, la ineficacia –y a veces la inexistencia- de las políticas públicas de fortalecimiento familiar, el avance del sector informal de la economía y las dificultades de los sistemas educativos para obtener resultados en contextos de diversidad sociocultural.

Lo cierto es que las consecuencias de la entrada precoz al mundo laboral en situación de explotación se ven a corto y a largo plazo. Está comprobado que muchos de los niños que trabajan se exponen a situaciones de riesgo –accidentes y enfermedades- y muchas veces bajan su rendimiento en la escuela, como antesala de repeticiones y abandono de sus estudios. En el futuro, estos niños excluidos del sistema educativo serán adultos que, posiblemente, tengan acceso a trabajos menos calificados y con menores ingresos.

“El trabajo infantil reproduce la pobreza, no la soluciona –afirma la oficial de Educación de UNICEF en Argentina, Elena Duro-. Un niño que trabaja y deja de estudiar para mejorar las condiciones de vida de su familia será un adulto poco calificado que sólo podrá optar por trabajos mal remunerados”.

Duro sostiene que el tiempo en que los niños deben abocarse a tareas laborales es tiempo robado a sus juegos, amigos, estudios y descanso. Así, al momento de planificar acciones contra la explotación del trabajo infantil, la especialista subraya la importancia de considerar no sólo cuánto ganan los niños que trabajan como parte de la estrategia de supervivencia familiar, sino también cuánto pierden, desde una perspectiva que tenga en cuenta sus derechos.


¿Trabajo infantil o explotación laboral infantil?

La edad mínima para ingresar al mercado laboral requerida por la legislación argentina es de 14 años (VER RECUADRO LEGISLACIÓN), pero no todas las tareas o actividades que desarrollan los niños y adolescentes son necesariamente consideradas como explotación del trabajo infantil.

“Millones de jóvenes emprenden trabajos, pago o no, que son adecuados a su edad y su madurez. Al hacerlo, aprenden a asumir responsabilidades, adquieren conocimientos, aumentan sus propios ingresos y su bienestar y los de sus familias y contribuyen a la economía de sus países”, aclara la OIT en un documento.

En algunos ámbitos el trabajo infantil es incluso culturalmente aceptado y positivamente valorado. Muchas familias agricultoras sienten que transmiten a sus hijos sus tradiciones y saberes al tiempo que realizan sus tareas y de esa forma los niños construyen su identidad campesina. De hecho, el trabajo de los niños menores de 14 años en el campo está previsto por ley (22.248) siempre que se realice en tierras de propiedad de la familia y que no impida su educación. (VER RECUADRO LEGISLACIÓN).

Muchos expertos sostiene que estas costumbres constituyen una traba cultural importante para erradicar el trabajo infantil rural. Pero otros lo matizan.

“Yo no voy a decir que el trabajo no genera problemas, porque sí los crea. Pero no voy a caer en decir que el trabajo es incompatible con el desarrollo de un niño. Conozco a personas que de niñas han trabajado y hoy son grandes abogados, psicólogos, trabajadores sociales o buenos padres de familia. Tenemos que tener cuidado con las absolutizaciones que no toman en cuenta que el trabajo infantil es un poco de cal y un poco de arena”, dice el peruano Alejandro Cussiánovich, del Instituto de Formación para Educadores de Jóvenes Adolescentes y Niños Trabajadores de América Latina y el Caribe (IFEJANT)..

El fenómeno de los niños trabajadores, según Cussiánovich, “no sólo no es un accidente del sistema sino un componente de la expansión de la economía de mercado, de la explotación mundial, que crecerá y desafiará con mayor fuerza nuestra capacidad de acción. Se trata de persistir en la lucha contra las causas de la pobreza y no sólo contra sus síntomas”.

El alerta debe encenderse ante aquellas formas de trabajo que afectan las posibilidades de desarrollo de los niños, que impiden su educación, los expone a accidentes o a la explotación. Así lo entendieron los países que ratificaron los Convenios 138 y 182 de la OIT que, como la Argentina, se comprometieron a esforzarse por erradicar en forma urgente la esclavitud, el trabajo forzoso, el reclutamiento forzoso para uso en conflictos armados, la explotación sexual, la pornografía, las actividades ilícitas y aquellas actividades que pongan en peligro el bienestar físico, mental o moral del niño. (VER RECUADRO PEORES FORMAS DE TRABAJO).

Estudiar trabajando

Casi todos los niños explotados laboralmente asisten o asistieron alguna vez a la escuela, pero en su trayectoria educativa se topan con enormes dificultades: en general, van a la escuela cansados, faltan mucho o llegan tarde porque se quedan dormidos, no tienen tiempo de realizar sus tareas escolares, bajan su rendimiento, repiten de grado y muchos no llegan a terminar sus estudios.
Asistencia a la escuela              SI           NO
Trabaja                                       72,5 %     27,5 %
Vive en la calle                            15,2 %     84,8 %
Total                                          69.1 %     30.9 %


Fuente: Relevamiento de chicos en situación de calle. Abril - Mayo 2001. Secretaría de Desarrollo Social.

Lorena Monzón, una joven de 18 años que cartonea en la ciudad de Buenos Aires desde los 5, relata lo difícil que le resulta terminar el último año de la secundaria: “Se me complica porque los días que tengo que estudiar es salir (a cartonear) o quedarme en casa (estudiando), levantarme temprano o pedirle a la profesora que me dé más tiempo”. Sin embargo, para la adolescente “la educación es una salida. Quieras o no, para ir a acomodar mercadería a un supermercado te piden el secundario, y si tenés estudios conseguís trabajo”. (VER RECUADRO HISTORIA DE VIDA)

Una investigación basada en el análisis de las pruebas de evaluación de la calidad educativa del año 1997, implementadas por el Ministerio de Educación de la Nación, constató que “los logros de aprendizaje en lengua y matemática de los niños que trabajan son inferiores respecto de los niños que no trabajan” y que mientras el 27 por ciento de los niños con actividad laboral alta han repetido una vez, sólo lo hizo el 13 por ciento de la población que no trabaja.

Según UNICEF, más de la mitad (58,2 por ciento) de los adolescentes de 13 a 17 años que trabaja no asiste a la escuela. Tras décadas de deterioro social, resulta difícil para muchos adolescentes –con urgencias que resolver hoy mismo- encontrar un sentido en un sistema educativo que actualmente no garantiza una salida laboral certera, aun cuando la escuela siga siendo imprescindible para la movilidad social. “La escuela es la institución que brinda las herramientas que conducen al desarrollo de una sociedad democrática, al ejercicio de la ciudadanía plena, que otorga condiciones para la empleabilidad y que promueve el desarrollo económico del país”, asegura UNICEF.

La Comisión Económica Para América Latina (CEPAL) estimó que de cada cuatro adolescentes trabajadores latinoamericanos sólo uno va al colegio y calculó que cuando sean adultos aquellos que no hayan completado su educación básica recibirán, en promedio, 20 por ciento menos de ingresos que los que sí hayan logrado terminarla. “El trabajo infantil alimenta el círculo de la pobreza al impedir una trayectoria educativa de calidad”, sintetiza UNICEF.

¿Es responsabilidad única de la escuela resolver los problemas de la explotación infantil, la falta de empleo para los padres y las condiciones de pobreza en que viven las familias? De ninguna manera. Pero el sistema educativo debería plantearse si provee la ayuda pedagógica necesaria a estos niños, que contemple los contextos de diversidad cultural y desigualdad social. La pregunta pendiente es si estos niños cada vez más desamparados abandonan la escuela, o si es la escuela la que los abandona a ellos.

Explotación del trabajo infantil en Argentina

La secretaria Rial asegura que “en Argentina reconocimos muy tarde que tenemos trabajo infantil” y también por ello el asunto se convirtió en prioridad para el Gobierno de Néstor Kirchner, al incluido dentro de la política de erradicación del trabajo no registrado. Si cumple, sería la primera vez que la problemática entre seriamente en la agenda política nacional.

La explotación de la mano de obra infantil tiene historia en el país. Luis Agote concibió a principios del siglo XX una legislación que apartara de las calles a los cientos de niños lustrabotas y canillitas –en “peligro material o moral”- que pululaban por las calles urbanas, para reclutarlos en institutos de menores que aún hoy son verdaderas cárceles. Estos niños, justificaba Agote, “empiezan como canillitas y terminan como canallas”.

El historiador José Pannetieri describió cómo, para la misma época, nadie se asombraba si los incipientes empresarios industriales utilizaban a niños de 6 a 12 años en jornadas de 10 a 14 horas en sus fábricas de sombreros, fósforos, vidrio, bolsas o alpargatas, en las refinerías de azúcar o en la construcción

Y ya en 1907 el Congreso Nacional aprobó el proyecto de ley que Alfredo Palacios había presentado un año antes para reglamentar del trabajo de las mujeres y los niños: proponía proscribir el trabajo nocturno y abolir el trabajo a destajo para los varones menores de 16 años y para las mujeres menores de 18. “Las mujeres que trabajan en nuestras fábricas son en casi su totalidad niñas que recién han llegado a la pubertad, he entrado en las fábricas y he podido observar todo el peligro que encierra”, exclamaba el dirigente socialista. “Esos niños que vienen del seno de la madre con la marca de la injusticia, van a ser también requeridos por la máquina que cruje en el taller y pide a gritos carne de pueblo”.

Un siglo después, el tema seguía encuadrado “de la misma manera que cuando seguimos afirmando que somos el país con menos analfabetismo de América Latina: éstos eran parámetros de la década del 40 o 50, ahora el país lamentablemente retrocedió”, explica Rial. La invisibilidad del trabajo de los niños “formaba parte de un mito”, desarrollado en torno a la creencia de que “como se supone que somos pocos habitantes en un país rico, no tendríamos trabajo infantil”.

Recién en 1996 el país comenzó a integrar los programas de OIT contra la explotación laboral de los niños y “en ese momento –dice la funcionaria- había mucha resistencia, especialmente del sector empleador, que pensaba que investigar y diagnosticar la situación del trabajo infantil podía usarse como un elemento de competencia desleal en el ingreso de mercaderías (argentinas) a otros países”.

En cambio, Brasil asumió el tema seriamente hace diez años, hoy ya ha superado las etapas de diagnóstico y difusión del problema y logró encarar una acción efectiva a favor de los niños explotados laboralmente. El Programa de Erradicación del Trabajo Infantil (PETI) beneficiaba inicialmente, en 1996, a 1.500 niños de 7 a 15 años de Mato Grosso do Sul y siete años después llegó a 870.000 niños en todo el país. (VER RECUADRO ALTERNATIVAS).


¿Qué se está haciendo hoy en Argentina por los niños explotados laboralmente?

En el 2000 se creó por decreto la Comisión Nacional de Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI), un organismo que exhibía pocos logros promediando el 2004 pese a estar conformado por varios ministerios (Trabajo, Salud, Educación), organizaciones empresarias (UIA y Sociedad Rural) y sindicales (CGT, CTA y UATRE) y organismos internacionales (OIT y UNICEF). Desde 2002 se crearon 12 Comisiones Provinciales de Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI), con resultados aún imperceptibles.

Otros cuatro años demoró en concretarse la campaña de difusión que lanzaron en marzo de 2004 los países del Mercosur bajo el lema “Trabajar es cosa de grandes. No al trabajo infantil”. Para crear conciencia sobre el problema, se diseñó un afiche con la imagen de un niño apilando ladrillos, un spot televisivo con dibujos animados que ningún canal local transmitió en horario central y dos encuentros con periodistas.

Argentina lleva adelante en el 2004 tres programas referidos al trabajo infantil. Uno, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), busca formar inspectores laborales en 12 provincias (entre 4 y 10 por cada una) para detectar el trabajo infantil.

La responsable de la Unidad de Monitoreo de Inspección de Trabajo Infantil de la Secretaría de Trabajo, Silvia Kutscher, señala que en el Pacto Federal del Trabajo “la violación de las normas que refieren al trabajo de menores se encuentra dentro de la categoría de infracciones muy graves”, con multas de 1.000 y 5.000 pesos.

Al respecto, la nueva Ley de Reforma Laboral 25877 -sancionada en marzo de 2004- incluyó un artículo específico en materia de fiscalización del trabajo infantil, que Kutscher valoró como muy positivo.

Pero la invisibilidad de la mano de obra infantil, dada por su ilegalidad, dificulta la inspecciones. “Cuando los inspectores del Ministerio de Trabajo llegan (a una provincia) en un operativo organizado, los niños (misteriosamente) desaparecen de las calles” porque las autoridades los esconden. En una ocasión -cuenta la secretaria Rial- los inspectores informaron que se iban por la noche y se quedaron un día más: “al día siguiente aparecieron todos los chicos mendigando en la calle”.

Tampoco queda claro aún qué es lo que ocurrirá con los niños trabajadores y sus familias una vez que los inspectores los denuncien (si se tiene en cuenta el riesgo de que el niño explotado termine en la justicia por ser pobre, situación que posibilita la Ley de Patronato en vigencia desde 1919). Ni hay respuestas claras para el caso de una familia que intente acercarse a una COPRETI en busca de ayuda para que sus hijos dejen de ser explotados.

“No sé si va a haber respuesta, pero sí se va a tomar conocimiento. También se puede ir a un fiscal para decir que ‘tal empleador está abusando de mi chiquito’”, según la titular de la CONAETI, Graciela Sfaccioti, pero reconoce que este tipo de denuncia “no es normal que se haga porque las familias se quedan sin trabajo y no comen.”


Las otras dos propuestas de erradicación del trabajo infantil tienen financiamiento de la OIT. Una de ellas, el programa piloto “Luz de infancia” -actualmente en rediseño-, pretende “prevenir y erradicar” la explotación sexual infantil junto a 40 familias de Puerto Iguazú, Misiones. Apunta a una actividad inadmisible desde todo punto de vista pero que se da porque existe una gran demanda (por parte de adultos locales y extranjeros), sobre la cual el Gobierno no tiene prevista ninguna acción.

También está en marcha la creación de un “observatorio” -coordinado por la cartera laboral y el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC)- que elabore el primer diagnóstico serio de la situación del trabajo infantil en el país, a través de una encuesta que incluirá preguntas específicas sobre el tema.

Los responsables del Programa Encuesta y Observatorio de Trabajo Infantil prevén que para fines de 2004 tendrán algunos datos provisorios y que los resultados finales estarán disponible para los primeros meses de 2005.

Según Kutscher, estos datos “permitirán la elaboración de políticas eficientes, precisas y focalizadas que contribuyan a la erradicación de la problemática en nuestro país”

Por otra parte, la Secretaría de Seguridad Social de la Nación está realizando el procesamiento de los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del SIEMPRO (Sistema de Información, Evaluación y Monitoreo de Programas Sociales) de 2001. Según sus resultados preliminares, en el país hay 1.939.288 de niños y niñas de 5 a 14 años que se ven obligados a trabajar en zonas urbanas (sobre un total de 6.255.255 personas de esas edades). Es decir: 3 de cada 10 niños trabajan. La mayoría (1.375.164 niños y niñas) lo hace entre los 10 y los 14 años.
Total Urbano. Niños y niñas de 5 a 14 años según condición de
actividad, por tramos de edad. 2001

Población Urbana. Región Capital y Gran Bs. As. (AMBA). Niños
de 5 a 14 año por categoría, según región, sexo y tramos de edad. 2001


Articulación de políticas publicas y compromiso de todos los sectores sociales

Duro, oficial de UNICEF, sostiene que en un programa de erradicación progresiva del trabajo infantil debe dar prioridad a mejorar la calidad de la educación y reincorporar a la población excluida. Y que debe “proveer de estrategias e insumos necesarios a las familias, para que éstas puedan priorizar la educación por sobre el trabajo infantil”.

“Durante mucho tiempo, equivocadamente, se ha apoyado al niño trabajador para que éste apoye a su familia, pero hoy es necesario revertir esta situación y fortalecer a la familia para que ésta apoye al niño”, expone Duro.

La explotación laboral infantil es “un problema social y político” y debe “ser prioridad y política de Estado” según la especialista. “El trabajo infantil, independientemente de que se perciba y analice desde una dimensión social, debe asumirse como un problema eminentemente político”, aun cuando “son pocos los estudios que aluden a las políticas de infancia en general, y en las educativas en particular”.

La secretaria de Trabajo remarca la urgencia de “que toda la sociedad tome conciencia y se comprometa” y aspira a que a los gobernadores y al gobierno nacional el problema “les de vergüenza y que a la señora que tiene una criada en su casa también le de vergüenza y no tenga excusas socioculturales para esconder el trabajo infantil”.

NOTA: El material aquí presentado no refleja necesariamente el punto de vista de UNICEF ni de Fundación Arcor y fue elaborado exclusivamente por Periodismo Social.

(*) según cifras del INDEC.

PARA TENER EN CUENTA

El 12 de junio se conmemora el día mundial contra el trabajo infantil. La fecha fue instituida por la OIT en 2002.


GUÍA DE FUENTES:

Unicef
Responsable Área de Educación: Elena Duro
Responsable Área de Prensa: Paula Chinellato- pchinellato@unicef.org 
Tel.: 011-5093 7100 (int 144)
Junín 1940 PB - Ciudad Autónoma de Buenos Aires
www.unicef.org/argentina

Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil - CONAETI
Graciela Sfasciotti, Presidenta
Av. Leandro N. Alem 638, piso 5 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tel.: 011-4310-5813/5814
tinfanti@trabajo.gov.ar
www.conaeti.gov.ar

Secretaría del Trabajo – Ministerio de Trabajo
Dra. Noemí Rial
Av. Leandro N. Alem 650 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tel: 011- 4310-6291
nrial@trabajo.gov.ar

Organización Internacional del Trabajo- OIT
Prensa: Cristina Borrajo
Av. Córdoba 950 - piso 13 y 14 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tel.: 011-4393-7076 / (15)-4948-6434
Fax: 011-4393-7062
borrajo@oit.org.ar
www.ilo.org/public/spanish/region/ampro/buenosaires/

Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores -UATRE
Reconquista 630 - C1003ABN –Ciudad Autónoma de Buenos Aires
uatre_ipec@hotmail.com, dariolacuadra@hotmail.com
Tel.: 011-4312-2500 int 368 / 011-4315-5800
www.uatre.org.ar


Otros materiales de consulta

-Programa InFocus sobre el Trabajo Infantil (IPEC) - OIT:
www.oit.org/public/spanish/standards/ipec/index.htm

-Convenio 182, Peores Formas:
www.ilo.org/public/spanish/standards/ipec/ratification/convention/text.htm

-Global March:
www.globalmarch.org/index.php

-Feldman, S. y García Méndez, E., “Los niños que trabajan”, cuadernos de UNICEF, UNICEF Argentina, Buenos Aires, 1997.

 

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